NI TITULARES NI RESERVAS.

Decía un futbolista inglés que: «Todo lo que tiene que hacer un entrenador es tener contentos a once jugadores: los once suplentes. Los once titulares ya son felices porque son titulares».

La máxima regla en el deporte de que lo importante es participar y divertirse, algunos educadores lo tiran por tierra, en la mayoría de los clubes de fútbol, por utilizar a sus jóvenes jugadores, exclusivamente, como plataforma para la victoria. Esta cultura, en el fútbol escolar, está originando mucho daño, no sólo a los niños, también a las escuelas y clubes cuyos objetivos fundamentales de formación están en entre dicho, cuando se busca por todos los medios la victoria, independiente de la categoría a la que nos refiramos.

El entrenador busca la victoria como único objetivo, poniendo en el terreno de juego a su “equipo ideal”. Lo malo del asunto es que ese “equipo ideal” es casi siempre el mismo. Copia modelos de equipos profesionales en los que te sabes de memoria la alineación. Este entrenador cree que los titulares de prensa como este: “Mourinho también reserva a siete titulares para el Clásico”, son su ideario en fútbol base y esto no debemos permitir que ocurra.

De hecho, muchos jugadores jóvenes que comienzan jugando al fútbol desde edades tempranas y con mucha ilusión, dejan de tenerla y, en muchos casos, abandonan este deporte porque los partidos se convierten en experiencias desagradables ya que pasan la mayor parte del tiempo en el banquillo sin disfrutar del juego. No olvidemos nunca donde estamos. Estamos en una escuela de fútbol o en un club de fútbol base, donde sus principales objetivos debieran ser la formación integral del niño. Trabajamos con personas en un periodo de evolución y formación sin desarrollar. Por lo tanto tenemos que tratar a todos los niños de igual forma, eliminando los roles de “buenos” y “malos”.

Pase lo que pase en el partido, el entrenador debe aprovechar a TODOS sus jugadores, individual y colectivamente, utilizarlos a TODOS para obtener un beneficio que contribuya a su formación deportiva y humana. Debemos desechar ese fútbol donde solo juegan los mejores, o a los que los entrenadores consideran los mejores, que es otra cosa. Tenemos que medir muy bien los tiempos de juego, para intentar que los niños participen el mismo tiempo en cada partido.

Ese niño que juega menos que su compañero no está en igualdad de condiciones y nunca lo podrá estar si no juega los mismos tiempos. Al principio de la temporada liguera los alumnos no tendrán el mismo nivel, pero con el tiempo, si se lo damos, si lo alcanzarán.

Las federaciones, en este aspecto, el de los cambios, tienen mucho que decir. En los partidos de fútbol 11, debieran posibilitar el mayor número de cambios y hacerlo de una forma libre, como en fútbol 7, sin límite. Esto haría que el niño participara mucho más cada fin de semana. Es una forma de “obligar” a los entrenadores-educadores a que TODOS los niños participen.

Los errores que un formador cometa con sus alumnos durante los años de iniciación en el fútbol influirán negativamente en los siguientes niveles de formación. Cambiemos estos malos hábitos existentes y empecemos a pensar más en los niños como personas y no tanto como futbolistas.

Por lo tanto, enseñemos a competir bajo la máxima de jugar con TODOS en vez de con unos pocos, sin catalogar a nuestros discípulos como titulares o reservas, y convirtamos en una de las bases de nuestras etapas iniciales de formación, que todos los niños jueguen por igual.

Pedro Meseguer @pmeseguer

Entrenador Nacional de Fútbol

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