LA EXCELENCIA: UN DEBER DE TODO ENTRENADOR.

¿A día de hoy, sabe alguien a donde llegará cómo entrenador? o ¿cuánto potencial conseguirá desarrollar en su equipo esta temporada? Lo cierto nadie tiene certeza de ello.

En cambio, de lo que sí se puede estar seguro es que siempre será posible aprender algo nuevo, que agregue valor al conocimiento y a la experiencia. El futuro es tan incierto como el resultado de una liga, pero todo lo que se puede hacer hasta que se juegue el último partido depende únicamente de cada entrenador. Esto ofrece inmensas posibilidades para trabajar con ilusión y de acercarse a las metas.

Incluso, se puede ir más allá del próximo junio: ¿qué tal si lo que suceda esta tarde se ve como un paso más de una larga carrera?

Puede que tantos obstáculos esta temporada dejasen algo valioso, por ejemplo, en forma de una nueva herramienta para aumentar el rendimiento en futuros equipos. La resolución de un problema hoy, sin duda será la sabiduría para el de mañana.

Pero… “si planifico muy bien, veo vídeos, estudio al rival, conozco y confío en mi equipo, mi forma de trabajar me da resultado, etc., etc. ¿qué más puedo mejorar?”.

¿Cómo enfocar el talento? 

 

Los entrenadores, como cualquier persona, tienen una serie de cualidades innatas a las que se denominan talentos. Estos los habilita para aprender con rapidez aquello que se les da bien, que los caracteriza y que suelen disfrutar llevando a cabo.

 

Lo vemos en un futbolista habilidoso, en un líder con carisma o en un entrenador con capacidad de observación y pensamiento estratégico. Sin embargo, el talento en sí mismo no es suficiente para hacernos valer. Cuando ese “diamante” se deja de pulir pronto deja de brillar. Es por esto que hay tantos entrenadores frustrados o promesas de futbolistas que se quedaron en el camino. La determinación y el esfuerzo invertido en su perfeccionamiento son igual de importantes, o dicho de otra forma, un talento cuando no se cultiva, no prospera.

 

Lo cierto es que todo entrenador cuenta con diferentes cualidades personales que está en capacidad de desarrollar. Cuando estas se ponen en práctica y se perfeccionan día a día, como fruto del trabajo se produce un acercamiento a su máxima expresión. Y es entonces cuando se aprecia la excelencia. Probablemente, el liderazgo que Rafa Benítez mejoró durante tantas sesiones de entrenamiento, charlas y partidos, fue aplicado con maestría para que su equipo remontara aquella final de Champions contra el Mílan en 2005.

El mister también es una persona.

Debemos recordar que los entrenadores tienen familia y amistades, y deben cuidar tanto de su salud como de su bolsillo. Aquellos que no son profesionales, por no decir casi todos, también han de cuidar de su trabajo para poder disfrutar de su pasión (entrenar).

Si entendemos que el mister es una persona como cualquier otra, la preocupación por un problema personal lo puede llevar a bajar su rendimiento durante un entrenamiento (no salen los ejercicios como se planearon) o en el momento que da la charla previa a un partido (viendo en la cara de los jugadores que hoy no les está “llegando”).

Es necesario hacer las cosas bien dentro y fuera del terreno de juego. Si falla en casa o no cuida su salud física y mental avanza con “el freno de mano puesto”, limitando su potencial. Esto lo mismo sucede en un entrenador de primera división como en uno de juveniles, y ambos pueden mejorar. Es así como el equilibrio entre los diferentes “frentes” a los que ha de atender a diario resultará fundamental, no sólo a la hora de rendir al 100% como entrenador, sino a la hora de disfrutar y de encontrar bienestar. Este último, posiblemente el aspecto que debería ser el más importante en la vida de los seres humanos.

Proponemos estas 10 características de la excelencia: 

1.Consiste en el hábito de crecer y de desarrollar el potencial humano diariamente, el propio y el de los demás, y en cualquier ámbito de la vida. Por lo tanto, es una actitud que lleva a los entrenadores por un proceso de superación personal y profesional.

2. ¿Se puede alcanzar la excelencia? Los modelos de éxito, como los entrenadores de élite, pueden ser ejemplos de ello pero también incompletos (como todos se equivocan mucho). Por esto, en vez de suponer que se debe alcanzar, es mejor considerarla una búsqueda. Cada vez que se encuentra una forma innovadora de realizar un ejercicio o de motivar al equipo, se da un paso adelante, se abren puertas.

3. Es la puesta en marcha del esfuerzo comprometido en la consecución de objetivos ambiciosos, medibles y realistas, como lo es para un equipo humilde meterse entre los 4 primeros. ¿Y si lo consigue? Ahora habrá que creérselo, controlar las expectativas dentro del equipo y la euforia del entorno. Gestionar las metas correctamente es importante. Puede ser por esto que, a principios de diciembre y entre otros motivos, equipos que empezaron la LFP con los mismos objetivos se encuentran uno muy por encima de lo esperado y otro muy por debajo.

4. La excelencia es mucho más que llegar a la cima o mantenerse en ella. Cuando se logra una meta la única forma de superarse es buscando una nueva, asumir nuevos retos.

5. Para mirar cada vez un poco más arriba es necesario salir de nuestra zona de confort. La experiencia nos indica lo que funciona y lo que no. Y a pesar de darnos cuenta de que muchas veces una estrategia no resulta apropiada, la seguimos repitiendo.

Pero “¿Por qué sucede esto? ¿Cómo es que me siguen expulsando tanto del banquillo?” Sucede porque no se aprende. La experiencia no es una garantía de mejora. Por ejemplo, Mendoza (2005) encontró que los entrenadores con muchos años en los campos no siempre tienen mejores habilidades psicológicas que los jóvenes inexpertos. Resulta necesario dejar de tropezar con la misma piedra y para ello hay que conocerse mejor e identificar tanto las fortalezas como las debilidades. De esta forma, además de ser más concientes y objetivos acerca de nuestro potencial, sabremos hacia donde debemos orientar el trabajo. Dejar de estar cómodos con los fallos es una forma de cambiar la parálisis por la proactividad, la actitud positiva, la iniciativa y, como no, superar el conformismo de la rutina. Un estudio realizado en más de 150 países explica que el bienestar en las personas se basa en la interacción entre los ámbitos profesional, social/familiar, económico, físico/salud y comunitario (Rath y Harter, 2011). Esto no tiene por qué ser diferente para los entrenadores de fútbol: es necesario pasarlo bien entrenando, sentir el apoyo de sus familias y amigos, gozar de estabilidad económica, sentir un cuerpo con energía y estar a gusto en el lugar en que se vive.

6. ¿Y qué hay de las limitaciones? Como mencionamos antes, es incierto el punto hasta donde se puede llegar, pero aunque cada entrenador tiene sus limites seguro que estos están mucho más lejos de lo que cada uno cree.

7. La excelencia se observa en la recuperación ante la adversidad, con ello nos referimos a la resiliencia, al ser resistente, a sobrellevar el dolor y el malestar físico y psicológico que suponen las situaciones límite. Después de una derrota dolorosa hay entrenadores que le sacan partido porque se hacen más fuertes, y otros no la analizan a fondo y simplemente pasan página sin haber aprendido nada.

Descubrir la oportunidad que conllevan los problemas es clave. Toda situación trae al final algo positivo: ante las crisis hay entrenadores que desaprenden hábitos inútiles para afrontar la situación presente, y en cambio, se permiten afrontar las dificultades de un modo distinto. Estos son más creativos e innovadores. Esta puede ser una de las carencias de aquellos a quienes destituyen tras varias derrotas seguidas. No supieron recuperarse y reaccionar.

8. Cuando se hace frente a la diversidad de problemas que surgen cuando se dirige un equipo de fútbol, la incertidumbre es una constante. En estos momentos mantenerse optimista y confiado en sus posibilidades es necesario. Esto se facilita cuando se conocen las propias cualidades y limitaciones.

Muchos entrenadores saben que antes del resultado, salvo en una fase final, lo más importante y lo que debe permanecer intacto es la fe, la ilusión o la creencia en que todavía es posible alcanzar el objetivo.

9. La excelencia se orienta a un bien mayor. Por eso el “sufrimiento” de hoy no es más que una inversión de futuro, y ello incluye soportar muchas situaciones de presión. Desde un padre que paga en una escuela deportiva y exige que su hijo juegue, hasta un abonado que pide a gritos un cambio en la delantera. Todo esto hace parte del juego, hay que aprender a vivir con ello y a gestionarlo adecuadamente.

10. La excelencia está al alcance de todo entrenador que asume la responsabilidad de superarse permanente. Es por esto que no sólo los mejores del mundo la ejemplifican. Mientras usted lee este artículo, puede haber en cualquier campo un anónimo entrenador de fútbol base creciendo día a día y potenciando el talento de los jóvenes futbolistas. Existen muchos casos de comprometidos líderes que también sueñan con llegar a Primera División o hacer de los chicos grandes personas y deportistas. Estos también demuestran grandes cualidades humanas y técnicas, al tiempo que son un digno ejemplo para sus seguidores.

“Una virtud? Intento ser mejor persona cada día” Lionel Messi (Rivera, 2011)

 

Deberes para el rendimiento personal.

El entrenador ha de preocuparse por gestionar adecuadamente sus propias cualidades si desea ponerlas al servicio de los futbolistas y rendir al 100%. Además de la búsqueda de la excelencia como líder de un equipo, esto incluye distintos aspectos:

  • Organizar el tiempo de forma que se obligue a “desconectar” del fútbol, pues el cansancio además de físico, también es mental.
  • Mantener niveles altos de energía con una correcta alimentación y descanso, así como el hacer ejercicio regularmente.
  • Poner en práctica y en todos los contextos de la vida diaria aquellos valores que desea trasmitir a su equipo, pues si se enriquece la persona también crecerá el entrenador. Estos pueden incluir: iniciativa, responsabilidad, integridad, generosidad, gratitud, humildad, prudencia, valentía, ilusión, tolerancia, compromiso, etc.
  • Desarrollar y perfeccionar las competencias psicológicas: automotivación, autoestima, gestión emocional, autoconfianza, autoconocimiento, autocrítica, fortaleza mental, adaptación/flexibilidad, innovación/ creatividad, atención/concentración, pensamiento estratégico, toma de decisión, etc.
  • Interés por aumentar sus conocimientos técnicos e integrales sobre el deporte.
  • Interés por aprender un segundo idioma, el uso de nuevas tecnologías o de estrategias para promocionarse.

 

La llegada de Mourinho me hará mejor entrenador» Pep Guardiola (Diario Marca, 28/08/10)

Deberes para el crecimiento del equipo.

Para desarrollar el talento de su grupo de futbolistas y de su cuerpo técnico, el entrenador ha de aprender a relacionarse mejor. Son necesarias distintas estrategias en del ámbito social que favorezcan:

  • El conocimiento de los demás y la empatía.
  • La influencia positiva y la motivación.
  • La construcción de la autoridad moral.
  • El trabajo en equipo, la cohesión, la cooperación y el trabajo interdisciplinario.
  • La gestión y mediación de conflictos.
  • El liderazgo.
  • El desarrollo integrado del jugador y del colaborador. Preocupándose por su bienestar personal, familiar, académico, etc.

La figura del entrenador debe soportar el peso del equipo y constituye el principal punto de referencia para jugadores, directivos y demás personas implicadas en el fútbol” (Morilla y cols, 2009)

 

Deberes para la adecuación del entorno.

Alrededor de un equipo de fútbol se encuentran diferentes personas que influyen de una u otra manera. Volverlos un aliado del entrenador es una necesidad tanto como mantener relaciones constructivas con todos ellos para que sean facilitadores del aprendizaje, y por lo tanto, del rendimiento del equipo. Entre ellos tenemos:

  •  La afición en el profesionalismo y los padres en el deporte de base.
  • Los directivos.
  • Los árbitros.
  • Los representantes.
  • Los medios de comunicación.

En mi opinión el entrenador tiene la obligación de ser una persona ejemplar, su poder depende se su ejemplo, por lo tanto debe ser una persona moralmente íntegra. Esa integridad generará confianza en los jugadores” Vicente Del Bosque (Maroto, 2010).

La excelencia: un estilo de vida para el entrenador.

Más que una forma de entrenar, la excelencia debe ser un estilo de vida que trascienda lo deportivo/ profesional:

  • Si se “da todo” en el los campos pero no en el aspecto personal, por ejemplo, tarde o temprano se pagará esa factura y se dejará de progresar. El entrenador se debe entender de forma integral y hacer lo posible por alimentar y equilibrar cada parte de su vida. Esto sin duda le ayudará a realizar un mejor trabajo y a sentirse más satisfecho cada día.
  • Más que un deber con la profesión, la excelencia es una obligación consigo mismo.
  • Deben ser un ejemplo en el deporte y en la vida, e inspirar dentro y fuera del campo. Es triste el caso de entrenadores admirados por los jugadores pero no por sus hijos.
  • En definitiva se busca acumular “riqueza mental y social” para afrontar retos futuros. Adquirir permanentemente nuevas y mejores herramientas para mejorar el rendimiento, desarrollarse de forma integrada, y aumentar el bienestar y la satisfacción personal.
  • Como la excelencia incluye la generosidad, cuando ya no vayan a subir más (o descubran su límite), debería ser una obligación de los mejores volver al principio y entrenar a futbolistas jóvenes. Sólo que para esto será necesario apartarse del ego y de otras cosas más.

Empezar a recibir millones de sonrisas a cambio. Tantos conocimientos y experiencias también deberían ofrecerse desinteresadamente, por el bien de nuestro fútbol.

Esta sería la mejor y más auténtica muestra de excelencia en un entrenador.

No por el hecho de tener 31 años tengo que dejar de mejorar y crecer. Tengo que seguir aprendiendo” Carles Puyol (Puig, 2010)

 

Autor: Santiago Rivera

Publicado en la revista digital para profesionales www.futboltactico.com

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