LA EDAD NO PERDONA, VETERANO.

LA EDAD NO PERDONA, VETERANO.

Nosotros nos jugamos más que un simple partido, nos jugamos estar entre amigos, se juega mejor, nos jugamos que cuando el que te la pide en el área de un campo de fútbol, con más de treinta y cinco años en sus piernas, es aquel mismo niño que cuando tenía diez, que se paraba en la orilla del campo y con voz apagada y las zapatillas gastadas en la suela preguntaba: “¿puedo jugar?”. Así es el fútbol, te pone en las mismas situaciones con edades diferentes, junto a lo verdadero, lo esencial y auténtico. Sabemos que no es fácil, que cada partido marque nuestras vidas, pero ya en el vestuario nadie se olvida de sus recuerdos, antes del partido.

Ya es domingo, no es un día más, es el día en que este deporte ha elegido para demostrarnos que somos un grupo de “jóvenes” que nos tratamos como una familia, que dejamos de ser unos niños que rompíamos ventanas en el barrio y pasamos a ser veteranos que demostramos, estando juntos todo el año, que cuando se juega entre amigos, no hace falta ser el mejor jugador del mundo, no hace falta tener interés en salir campeón. Me atrevo a decir que ni siquiera hace falta preocuparse por querer ganar, porque jugamos con tanta felicidad que cuando nos la pedimos y pasamos entre nosotros, logramos lo que buscamos, disfrutar. Es la fuerza del fútbol, que provocan sentimientos de placer, lo que todos estos años han forjado en tus piernas, la satisfacción de estar con tus colegas, tus amigos, tu pasado y tus mejores recuerdos jugando al mejor deporte que se ha podido inventar.

La edad y las lesiones no perdonan, te cortan la forma y es muy difícil que vuelvas a recuperar el mejor estado físico. Es el problema de los veteranos. Tienes que saber decir ¡basta! y ¡hasta aquí he llegado!

 

La mayoría no quiere perder el contacto con la hierba y poder mantener la forma practicando tu deporte favorito, aunque ya se hayan acabado los duros entrenamientos diarios y los viajes cada 15 días para jugar. Ahora solamente quieren jugar los fines de semana con algún entrenamiento, o algo así, los jueves. Formar parte de una asociación de veteranos en la que cada semana, organizado por los amigos o por la federación correspondiente poder disfrutar del partido y mantener ese “gusanillo” que no quieres perder nunca. La cabeza sigue en su sitio pero los movimientos no, son más lentos, menos coordinados y menos fiables. No intentes hacer lo que anteriormente hacías, que te puedes lesionar. Si no llegas no corras, esa es la máxima.

Cada vez nos pesan más las botas, ahora sobre campos de césped artificial, pero cada una de esas botas parece arrastrar consigo tres kilos más a sus tacos. Una sensación que no es desconocida para todo aquel que haya jugado alguna vez al fútbol. Te sientes más lento, aunque la mente la tengas igual de rápida que antes, si alguna vez la tuviste rápida.

El pie se te queda pegado al caucho y cualquier arrancada supone un esfuerzo extra. Las piernas no responden como solían hacerlo. El simple gesto de golpear un balón que parece que pesa cinco kilos y levantarlo del suelo implica imprimir una fuerza extraordinaria al golpeo. Y ya no quedan fuerzas para tales derroches. Te ves lento, torpe, pesado. No te puedes ir de nadie, fallas los pases más fáciles y no consigues marcar las oportunidades de gol más claras. En definitiva, juegas a cámara lenta. Pensabas que esto no pudiera sucederte a tí, que has jugado en buenos equipos de la provincia y que acumulas multitud de partidos en tu vida futbolística.

Todos podemos jugar al fútbol hasta que la edad y el cuerpo nos lo permitan. A partir de los 35 años en tu DNI ya te puedes considerar un veterano. Si tienes las rodillas doloridas, un poco de lumbago y terminas reventado en cada esfuerzo, esos son los síntomas, ríndete a la evidencia del paso del tiempo que marca tu rendimiento. Después de los partidos domingueros necesitas descansar hasta el miércoles para empezar a moverte, nadie está al margen de envejecer. Es el paso de la edad, que no perdona ni a los mejores.

En un equipo de veteranos se pueden identificar diferentes tipos de futbolistas:

El gordito: Es el que no esta ni ahí, no sabe si empezó o no el partido y en la campo lo ves caminando, pero cuando se la dan y hace una bien es un “OLEE” de todos sus compañeros. Casi siempre se pone cerca de la portería para marcar. El leñero: Es el que no importa quien venga, el que para parar al contrario le da un tremendo patadón. Te busca el lio con el equipo contrario. El portero: nadie quiere ponerse de portero, pero termina poniéndose el que menos juega. El poste: se sitúa en algún lugar del campo donde no estorbe, es como su nombre indica un “palo” que no se mueve. No intentes dársela, no hay nada que hacer. La estrella: cree que aún es el que era. Lo intenta como si fuera el de antes pero.. ni mucho menos. El protestón: No deja al árbitro tranquilo, las protesta todas. Tenemos que estar detrás de él todo el partido para que se calle.

El tercer tiempo de los veteranos.

Dicen  que una de las grandes tradiciones del Rugby y  además una de las grandes cosas que tiene el Rugby es el llamado Tercer Tiempo. El Tercer Tiempo, no es otra cosa que  la continuidad del partido. Una vez terminado nos juntamos todos en la cantina del campo de fútbol, te tomas unas cañas y disfrutas con tus compañeros comentando las jugadas del partido, eso es el tercer tiempo. Es simple, es poder conocer un poco más a tus amigos, que gracias a ellos pudimos disfrutar de un gran juego, el reírnos  de alguna situación graciosa del juego, el hacer nuevos contactos, el de pasar un momento agradable. Lo importante es juntarse también con el equipo contrario con el que te enfrentaste minutos antes, pasar un buen rato y tomarte algo con ellos cuando el partido termina. Es un espacio de convivencia que sirve para rebajar así la tensión durante el partido. Tiempo de reconocer alguna falta cometida y de limar asperezas. Tiempo de celebraciones, tragos y risas.

Cuando finalizan los partidos, tengo un amigo, en mi equipo de fútbol de veteranos, que siempre me dice que juego a cámara lenta. Le doy la razón, pues claro, yo también soy veterano, pero de los que piensa que para llevar bien los años lo mejor es asumir la realidad. La edad no perdona, ni siquiera a los que un día fuimos buenos en esto.

Pedro Meseguer Díez @pmeseguer

Entrenador Nacional de Fútbol

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