EL SEVILLA SE CORONA ENTRE CAMPEONES.

El cuadro de Diego Martínez se hace con el máximo título de la categoría gracias a un gol de Jairo ante un buen Espanyol.

El Sevilla se proclamó campeón de la Copa de Campeones juvenil por primera vez en su historia tras derrotar al Espanyol gracias a un gol de Jairo Morillas en el arranque del segundo tiempo. El cuadro sevillista mostró su mejor versión para levantar el título que consagra al mejor equipo juvenil de la temporada a nivel nacional y lo hizo con sus mejores armas y un control táctico que impidió cualquier opción enemiga.

La victoria sevillista se sustentó en el constante dominio de la situación ante un Espanyol que tocó más el balón y que incluso dominó la posesión por instantes, pero siempre sin hacer daño real hacia la portería de Sergio Rico.

El Sevilla enseñó sus argumentos en Lepe desde el inicio. Con Rubio y Jairo Morillas presionando cada balón sin dueño, el Espanyol tomó la batuta sin provocar daños en la estructura rival. Beto, que finalmente llegó nuevamente en condiciones a la cita pese a sus molestias en la rodilla, se convirtió en una pieza clave para que el Espanyol no superara metros con facilidad. Miravent, convertido en el jefe de la orquesta perica, trataba de encontrar espacios sin lograrlo al tiempo que los sevillistas comenzaban a lanzar contragolpes peligrosos.

Sabedor de las armas que posee, el cuadro de Diego Martínez pausaba el encuentro con acierto y lo aceleraba cuando sus hombres ofensivos entraban en escena. Ahí impuso su ley Joaquín. Un lanzamiento de falta directa al larguero destapó el tarro de las esencias del atacante sevillista, que vislumbró los mejores hilos de luz de su equipo. Con Cotán destruyendo más de lo habitual, Joaquín tuvo que convertirse en el obligado creador moviéndose por todos los rincones del ataque desde su punto de partida.

En el segundo tiempo, las premisas no cambiaron, aunque el Espanyol trató de adelantar líneas sin temer que su rival podía incrementar su peligro con más metros a sus espaldas.

Fue en el minuto 55 cuando Joaquín apareció para hacer una diagonal perfecta y servir una asistencia de oro a Jairo Morillas, que con un disparo colocado batió a Germán para poner por delante a los suyos. El futbolista que había formado parte del Sevilla Atlético esta misma temporada ponía el broche a una jugada perfecta y encarrilaba un choque que había reinado bajo la igualdad.

Lo más difícil parecía hecho. Este Sevilla logra encontrarse cómodo con el marcador a favor y obligó al Espanyol a tomar riesgos que exigieron una tensión mayor. Pese a ello, los de Diego Martínez sólo sufrieron con balones colgados al área que buscaban la numerosa presencia de jugadores espanyolistas. Guerra sufrió más con la entrada de Aitor por el flanco zurdo del Espanyol al tiempo que Enrique daba el relevo a un Beto que había cuajado un encuentro perfecto en la medular.

Y el cansancio apareció en escena. Ambos contendientes lo acusaron y Rubio lo aprovechó para hacer más daño con esfuerzos en la presión que pudieron significar la sentencia sevillista. Pero el destino llamaba al sufrimiento y el Sevilla, replegado y móvil en los marcajes, lo sabía.

Juanma y Joaquín seguían lanzando contragolpes mientras Rufo y Jafar, los más insistentes en el ataque del Espanyol, lo intentaban sin premio ante una defensa sevillista liderada por un Dani inapelable hasta el final.

Los cambios y la inteligencia táctica y emocional del equipo sevillista hicieron lo demás. El Espanyol, virtuoso del toque y la posesión, se estrelló siempre en un sistema sólido y fiable. Esto, unido a la calidad de Joaquín, bastó para premiar a un equipo compacto y sin fisuras, que no dependió nunca de un futbolista y que demostró que su enorme nivel a lo largo de la liga regular no había sido fruto de la casualidad.

Turno para celebrar un sueño hecho realidad, el de una Copa de Campeones que apunta a consagrar los primeros pasos de estrellas del futuro, las que deben alcanzar en poco tiempo las miras más altas de la élite internacional.

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