EDUCAR AL ENTRENADOR-FORMADOR.

Hace algunos años existía un grupo de entrenadores de equipos de fútbol base en Orihuela que se dedicaban a lo que más les gustaba, entrenar.

Terminada su jornada laboral se dirigían a la única instalación deportiva que había entonces, el Polideportivo Municipal, a dirigir durante dos o tres días a la semana a un grupo de chavales que con toda la ilusión del mundo acudían fieles a la cita a esos entrenamientos. Estos entrenadores realizaban esta labor con muy buena voluntad, pero sin formación alguna. Su único aval era el gusto por el fútbol y sentarse delante del televisor los fines de semana a ver los partidos de su equipo.

Con el transcurrir de los años, uno recuerda esa etapa de su vida de manera agradable pero con la memoria de que esa formación que recibíamos, por llamarlo de alguna manera, era bastante defectuosa. Es de agradecer que esas personas que realizaban esa labor vinieran a dedicar su tiempo, que no estaba remunerado, a unos niños que empezaban a jugar al fútbol.

La verdad es que cualquiera podía enseñar y cualquiera podía ser entrenador, sobraba con tener algunos conocimientos de fútbol, a veces sin haberlo jugado nunca, pero hoy enseñar es algo más complejo y exige preparación, al menos para hacerlo bien.

Tanto las escuelas como los clubes deben adaptarse al nuevo contexto y quienes tienen la responsabilidad de educar, sin dudas que tienen que buscar nuevos caminos para desarrollar el proceso educativo.

Hoy ni las instalaciones deportivas ni el material deportivo utilizado tienen que ver con aquellas. Todo ha cambiado mucho, o no. ¿Y los entrenadores-formadores han cambiado?

Me duele ver como, en algunos casos, ese tiempo no ha pasado. Veo cada fin de semana a esos entrenadores dirigiendo a niños con el mismo aval de entonces o incluso con la titulación adecuada pero sin la formación adecuada.

Ese entrenador que semanalmente dirige a su equipo desde la banda como si de una retrasmisión deportiva se tratara, dando gritos e instrucciones inconcretas, en algunos casos, que confunden al niño. Demasiadas informaciones durante un partido solo hacen que el jugador se líe. Ya está el entrenamiento para corregir y repetir instrucciones, el partido es para recordar lo entrenado. Es importante también la forma de dirigirse al niño. El entrenador-educador puede llegar a confundir el respeto con el miedo. Debe hacerse respetar por el grupo, pero no que le teman.

La labor de un entrenador de chicos y chicas que se inician en la práctica del deporte se debe plantear siempre desde una perspectiva educativa.

La labor principal de un entrenador de base es la de educar a los niños en una serie de valores, tales como el compañerismo, la amistad y el respeto al adversario y también desarrollar las capacidades deportivas de éstos. Por lo tanto, los resultados a corto plazo se tienen que considerar siempre como una cuestión secundaria.

Es recomendable para clubes y ayuntamientos educar tanto al niño como al entrenador.​

Pedro Meseguer Díez. @pmeseguer

Entrenador Nacional de Fútbol.

La Soledad del Entrenador @SEntrenador

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